24.1.10

Emilio Cañil, un amigo

Ha muerto Emilio Cañil, fundador de Discoplay, una de las pocas empresas independientes que han tratado de acercar la música al personal. Y eso desde los años 70. Discoplay tuvo que luchar a brazo partido con las monopolistas de la música en lo que sería una antesala de la actual "guerra de la piratería". La forma en que las multinacionales se fueron contra Emilio y su empresa adquiería formas que hoy nos suenan: Prohibido importar discos más baratos del extranjero incluso aunque dichos discos no estuvieran disposibles a través suyo en España. Este tipo de cosas.

Pero además Emilio Cañil era un gran amigo. Simplemente porque además de afectuoso con quien le caia bien (para lo cual apenas reclamaba un poco de cultura, inteligencia y honestidad) charlar con el era siempre una ocasión única de la cual salías con unas cuantas sentencias para recordar y la idea de que aparte de muy bien amueblada, esa cabeza respiraba sobre todo con cosas como cariño, belleza, lealtad... Un tipo de valores que no son de cambio corriente.

En fin, se le recordará con todo el aprecio y respeto que se merece. Por mi parte, he perdido a una persona a la que apreciaba enormemente. A su persona y a su familia, tan fantástica como el.

Un abrazo Emilio


5 comments:

Adrian Vogel said...

http://img15.imageshack.us/i/198212e01.jpg/

Ottia said...

Es una lástima leer que los buitres daban su típico trato a alguien que en el fondo les estaba alimentando el negocio. Aunque bueno, con noticias de éstas lo último en lo que uno piensa es en cargarse de razón con algo.

Por encima de todo: tanta paz lleve como personas deja que devoraban el BID cada mes, y que sentían ese hormigueo cuando iban a correos a recoger cajas de vinilos (luego CDs), en fin, que deben a Discoplay más que una parte de sus colecciones.

Anonymous said...

Ha pasado prácticamente desapercibido para la mayoría de los medios el fallecimiento de un personaje clave en la reciente historia de la cultura de nuestro país.

Emilio Cañil Bartolomé fue el alma mater, el fundador de Discoplay, y su director, hasta que cesó su actividad.

Vendió más discos (y entradas para conciertos) en España, que los Beatles, los Rolling Stones, U2, Bruce Springsteen, Serrat, Alejandro Sanz y Mecano... juntos.

En los tiempos en los que la música no se tostaba, ni se bajaba, una generación entera esperaba mes a mes la llegada de ese sobre en el que se ofrecían vinilos, casetes, vídeos... y más tarde CDs y DVDs, de un auténtico universo sonoro con el que formó su memoria musical, una buena parte de nuestro acervo cultural. También libros y objetos de lo más diverso. No existían “mantas” ni “amazones” ni “mulas”. La SGAE no había cambiado todavía la “E” de “España” por la de “Editores” (léase sociedades mercantiles cuyo objeto social es la búsqueda del beneficio a toda costa, incluso a costa del autor).

Era un empresario, de lo que estaba profundamente orgulloso. Pero no entendía su empresa como un mero negocio. Él era un transmisor de la libertad y de la cultura. Discoplay es un icono de toda una época. Algunas de las empresas que él creo, y de las que se desvinculó posteriormente con exquisita benevolencia (magnanimidad que fue objeto, por lo demás, de mezquinas traiciones) aún siguen en pie.

Pero, para quienes tuvimos el privilegio de conocerle de cerca, no era su faceta de mercader la más importante. Era un ilustrado. Y un ilustrador. Editor, mecenas, catalizador de inquietudes culturales y creador de tendencias.

Su historia era la de un hombre hecho a sí mismo, la de un adelantado a su tiempo, la de un librepensador...

Un romántico en el mundo empresarial, que luchó hasta el final (siéndole esquiva la victoria) contra la tiranía de los desiginios de los intereses estrictamente mercantiles. Para él la música era un lenguaje universal. El libre ejercicio de un derecho a opinar diferente por parte del artista a la búsqueda del oyente que comprendía y sintonizaba con su mensaje. No un mero producto en manos de ejecutivos sin escrúpulos de la industria discográfica.

Su arrebatadora personalidad no dejaba indiferente a nadie que tuviese la ocasión de charlar con él y descubrir su cultura, su generosidad, su inteligencia, su nobleza, su altitud de miras...

Su vocación frustrada fue la de escritor. Esperaba, sin prisa, jubilarse, tener tiempo para dedicarse a ello. Era un hombre de verbo fecundo y, a su vez, un voraz lector.

De una persona con una conversación tan divertida y seductora, resplandeciente lucidez, tan prolijo en recuerdos y anécdotas, sentencias incontestables sobre todas las facetas de la vida... cabría esperar una obra para meditar, releer y conservar.

No le dio tiempo.

Al final Discoplay era su vida. Su vida era Discoplay.

Quizás no pudo o no supo sobreponerse a su fin. Quizás el destino no le quiso en otro lugar.

Para mí, que tuve el orgullo, el privilegio y el honor de trabajar para él, ha sido una pérdida muy dolorosa.

Nadie es imprescindible. Pero tú eras irreemplazable.

Hasta siempre Emilio

Paula J Serra

silkatzar SLG said...

JM,se nos ha ido otro amigo. No es ningún secreto que Linterna Música pudo funcionar gracias a la distribución del boletín de Discoplay. Producir aquellas musicas en el 81, 82, era una locura que Emilio supo alentar y acompañar. Ir a negociar con Emilio significaba hablar de todo, largamente, para, al final, determinar las condiciones de un nuevo LP en un plis plas, y debo decir que, para mi y Linterna, siempre ventajosas. ¡Páginas enteras para Orquesta de las Nubes o Jorge Pardo o Clónicos o Carles Santos! Eso sí era el apoyo a los independientes!
Me entristece la partida de mi amigo leal, considerado y justo. Hasta siempre, Emilio.

Eselsdistel said...

Una lástima. En general, resulta difícil calibrar la importancia de Discoplay en una época en la que si no se vivía en una gran ciudad las posibilidades de acceder a música realmente interesante eran ridículas. En lo personal, me resulta imposible pensar en mi infancia sin acordarme del BID mensual, de los paquetes con vinilos, de mis primeros pedidos con CDs... Muchísimas gracias, Sr. Cañil. Ha sido un placer.