16.2.08

¿Gente? ¿Qué gente?

En los últimos tiempos y por la cosa profesional, he oído hablar mucho de lo que “le gusta (interesa) a la gente”.Una expresión curiosa. Desde un punto de vista, digamos que moral y desde el puramente técnico, comunicativo.

En primer lugar afirmar que algo gusta o interesa así, en general, es mucha presunción. Uno prefiere pensar, de forma algo más prudente, que tal vez algo “pueda” interesar a “algunos”. Es decir, primero ha de definirse a quienes te diriges y una vez hecho esto, has de aprender de esas personas, no imponerles el propio criterio. Por otra parte, una información tiene algo de obra de arte o de lotería: nunca sabes cual va a funcionar. Al menos en lo que no es perfectamente previsible.

Vaya por dios, una nueva pregunta ¿qué es lo previsible? Quizás si lo sabemos podamos operar en consecuencia… ¿O mejor no? Y es que lo previsible en nuestros tiempos es sobre todo una confabulación de medios de comunicación dirigidos de manera eficaz y casi sin enterarse por gabinetes de comunicación, culturales o no. Así pues, si nos dejamos llevar por lo universalmente previsible, lo que hacemos es seguir los dictados de unas cuantas compañías multinacionales, servir sus intereses. Eso no puede ser la finalidad de un medio de comunicación independiente, imagino.

Por otra parte, ¿qué es “la gente”? Quizás pueda manejarse tal concepto en una televisión o una radio generalistas. Al fin y al cabo se dirigen de forma gratuita (¿?) a una audiencia ¿indeterminada? Bah, de indeterminada muy poco… Ni siquiera aquí puede hablarse de “gente”, sino de amas de casa, camioneros, jóvenes urbanos, jóvenes provincianos, latinos… La mera idea de que existe “gente” es algo tan antediluviano que provoca rubor escucharla hoy en día.

Si tenemos en cuenta que los diarios en papel son leídos sobre todo por universitarios, pretender que a ese público le interese o guste lo que a una pretendida “gente” (¿un mínimo común denominador?), raya en lo ceguera. Si además tenemos en cuenta otros hechos como eso que puede llamarse cultura super-underground, más allá de lo subterráneo y más acá del blockbuster, buscar lo alternativo a lo previsible no es hoy ninguna aventura, sino una receta de éxito.

Tengo a veces la impresión de que las clases de sociología de la comunicación en las Facultades de Periodismo debieran ser remozadas o convertidas en pivotales. Hoy en día ya no basta con tener sentido de la noticia. Para escribir en un periódico, hablar en una radio, aparecer en una televisión, es necesario tener algunas ideas básicas sobre a quien nos estamos dirigiendo. Y sobre como podemos tratar de entender los intereses de ese público, no imponerle nuestros prejuicios, nacidos en la mediocridad de una campana de Gauss (otro tema interesante, mirar en Internet aquí).

En fin, gente, que no somos gente.

1 comment:

Ottia said...

Viene a la memoria un artículo del apasionadísimo porrero Carl Sagan en el que recordaba cómo a finales de los sesenta, en la ducha con su mujer (por supuesto, los dos en pelota picada y colocados) tuvo la genial ocurrencia de modelar el racismo utilizando campanas de Gauss.

Es una rayada, pero a la gente seguro que le gustará la anécdota.