11.1.05

El Objeto y La Música


Rune Gramofon

Un disco es un disco, su carpeta es su carpeta. Un libro es un libro, su material es papel. Y así sucesivamente... Estos paradigmas de la información analógico-industrial han saltado hechos pedazos ante la embestida de la información computerizada. Artes que parecían indisolublemente unidas a un soporte, papel, vinilo o celuloide, se van desmaterializando y hoy en día no son en sustancia otra cosa que datos digitalizados.

La cuestión es que los datos digitalizados no se corresponden con soporte alguno, pueden almacenarse en una variedad de ellos y, finalmente, todo confluye en el corazón del ordenador. Hay otras razones, pero esta “segunda perdida del aura”, la de la fisicidad específica, esta en el fondo del intercambio de “datos artísticos”, porque el vínculo entre esos “datos” y “su soporte” se ha destruido.

Hoy en día, un CD o un DVD constituyen casi una molestia que ocupa espacio. La música se transporta mucho mejor en reproductores de mp3 o en un par de CR-ROM bien cargados, excelentes para el coche. Incluso en casa, dado que prácticamente todos los ordenadores disponen de buenas capacidades de sonido, muchos simplemente los enchufan a su aparato de alta fidelidad como una fuente más. La posibilidad de programación desde el ordenador es infinitamente mayor y con un pool de 3.000 piezas (unos 300 CD’s), la variedad esta garantizada.

Esta es una de las razones por las que el “objeto” CD (o el DVD, para el caso), distribuido es una caja de plástico barata y fea, ha dejado de tener atractivo, de concitar cualquier tipo de pasión. El corolario de este desamor es que, o se buscan otras vías para conservar cierta objetualidad en estas artes no volumétricas o estas pasarán a la inmaterialidad casi absoluta, como cuando la música solo existía como la potencialidad de una partitura o un mecanismo.

En cualquier caso, el fenómeno actual parece irreversible y no hará más que avanzar hasta lo que probablemente llegue a ser una inmensa base de datos universal de la cual recabaremos en primer lugar estas artes errantes y más tarde incluso otras más antiguas como la letra escrita o la imagen de gran formato (solo hace falta esperar a que aparezcan libros digitales utilizables o pantallas que ocupen paredes enteras...).

¿Cómo enfocar esta situación? ¿Cómo volver a asociar la música o la imagen en movimiento a un objeto? En primer lugar, esta es una preocupación de la industria cultural hasta, cuya principal actividad ha sido precisamente objetualizar determinadas artes a fin de integrarlas en un proceso industrial donde el valor añadido pretende ligarse a consideraciones materiales para su mejor distribución comercial. Pero ese es su problema y, por lo que se ve, andan tan perdidos en el como los editores de partituras cuando aparecieron los gramófonos.

La única vía para que la gente siga comprando en el futuro un soporte tradicional es la reificacion indirecta de esos datos, convertirlos en un objeto deseado más allá de su misma insustancialidad.

Un ejemplo brillante es la edición que de su doble recopilatorio “Money Will Ruin Everything”, editó a finales del año pasado el sello noruego Rune Grammofon.

Lo que se le ofrece al cliente potencial no es una simple funda de plástico barato, sino un libro de 23 x 18 cm. que se presenta a sí mismo, no como un libro, sino como una portada. Pero “es” un libro en el cual se relata la historia de este excelente sello, sus bases ideológicas, su coherencia en el diseño, la forma en que tienen de presentar un catálogo ecléctico pero coherente a mas no poder...

Es un objeto estupendo que se coloca en la librería y se consulta como un libro más... pero sigue siendo una portada. Quizás los dos s CD’s que contiene ya los hayamos ripeado para escucharlos en nuestro I-Pod o en nuestro ordenador con más comodidad. En realidad, compramos y conservamos el continente. El contenido, como escribía el grupo Autechre en una de sus portadas es “Incompleto sin ruido superficial. Información desdeñable”.

Este de Rune Gramofon y su música cuidada y ambiental, que parece la actualización nórdica del espíritu de los primeros lanzamientos del sello de neo-jazz alemán ECM, es una de las propuestas más acabadas porque ahonda en la paradoja del continente-contenido y en la definición que hacemos de las cosas, pero no es el único ejemplo en esa dirección.

El muy disperso pero solidario mundo de los plunder-fonistas (de robar sonidos, gente cuyo trabajo se basa en la de-construcción de material de otros artistas, incluso tan populares como Michael Jackson) suele presentar sus trabajos de este modo, así John Oswald o Negativland.

No estamos hablando exactamente de CD’s con un libreto mas o menos gordo, sino de una propuesta visual y táctil diferente y que se relaciona, no tanto física como conceptualmente con la música... A veces el objeto pueden ser simplemente portadas especiales como las que editan los sellos Mego o Raster-Noton, alejadas del paradigma de la caja de plástico (“caja-joya”, se llama en ingles, vaya ironía)... De lo que se trata es de ir mas allá de las asociaciones recibidas, de aprender una nueva forma de valorar los datos y objetos. Una percepción muy nueva de la música, de la cultura, de la vida en general.

Comentarios

Nada más que añadir a este perfecto y necesario alegato. Desgraciadamente hoy ya apenas existe el concepto de disco-artwork-libreto-caja como objeto de arte (bueno, quedan algunos dignos reductos), debidamente en parte a la enorme disponibilidad de sonidos y otras formas de expresión que hay a nuestro alcance. Aún así, jamás olvidaré aquel precioso disco con un impresionante digipack estucado y envuelto en papel brillante del que, por desgracia, no recuerdo el nombre del grupo.

Un saludete.
PB2000

8:32 PM

quise decir: -debido en parte- !!

:)

8:36 PM

Y qué hay más bonito que el tacto de un vinilo y el olor de un libro...?

Emma.

5:45 PM

4 comments:

Anonymous said...

Nada más que añadir a este perfecto y necesario alegato. Desgraciadamente hoy ya apenas existe el concepto de disco-artwork-libreto-caja como objeto de arte (bueno, quedan algunos dignos reductos), debidamente en parte a la enorme disponibilidad de sonidos y otras formas de expresión que hay a nuestro alcance. Aún así, jamás olvidaré aquel precioso disco con un impresionante digipack estucado y envuelto en papel brillante del que, por desgracia, no recuerdo el nombre del grupo.

Un saludete.
PB2000

Anonymous said...

quise decir: -debido en parte- !!

:)

Anonymous said...

Y qué hay más bonito que el tacto de un vinilo y el olor de un libro...?

Emma.

cosmogonic escrotolitum said...

Sugiero escuchar fascinoma de Jon Hassel en la oscuridad en CD audio y luego hacerlo en un mptres; en la compresión se pierde información, y por qué no, también espíritu