30.6.09


Biosphere

Wireless: Live At The Arnolfini, Bristol

Touch






Si algún grupo del ambient clásico merece gran respecto, seguramente sería Biosphere. Ahora lo suyo suena un poco antiguo cuando no directamente sospechoso de blandura, pero desde 1991, Geir Jenssen (1962, Tromsø, Noruega) adoptó las armas del techno para prolongar la experiencia del rave a lo largo de la bajada (o bajonazo) en los mismos términos sonoros que se habían estado usando durante la noche para el baile.

Este es su primer disco en vivo y ya le valía. Jenssen ha aparecido a lo largo de 15 años en todo tipo de eventos y situaciones, por lo cual cabía esperar esto mucho antes. Pero también es cierto que infinidad de músicos electrónicos conciben de manera precisa sus presentaciones en disco (audio) y en video (audio-visual) y muchas veces no las consideran transportables 1:1 a diferentes medios.

Pero aquí tenemos al fin a Biosphere en directo con la ayuda de Jony Easterby (grabaciones de campo), Anders Karlskas (trombón) y la grabación al mando de Chris Watson. EL concierto se nota premeditado porque viene a ser un Grandes Éxitos aumentado. Y bien aumentado, puede decirse. He comparado algunas piezas y el resultado presente es por regla general menos densa pero quizás más “aural” que los originales, manteniendo ese espíritu techno en los sucesivos loops pero yendo más allá, hacia los terrenos que rozan el sinfonismo o el jazz (muy manipulado todo, que los angeles o demonios árticos de Jenssen siguen estando en primer plano).

Incluso aunque nunca me haya interesado salvajemente, siempre he pensado que Biosphere ha sido un ejemplo de honestidad y que abrió caminos accesibles pero no banales a una legión de ambientistas que, como suele ocurrir con los epígonos, solo en ocasiones han sabido estar a la altura. Pero con el maestro y un par de buenos discípulos, ya estamos servidos.

29.6.09

¡Señor@s! ¡Un respeto al noise!

Esto del noise en música comienza a parecerse de manera peligrosa a la performance y al improv (improvisación no-jazzística). El número de practicantes crece de forma exponencial y lo que se nos sirve suele tener demasiadas veces el nivel de una representación de fin de curso en un instituto. Es decir, amateur por el lado chungo, desnudo de casi cualquier interés, torpe cuando no incompetente y muchas descalificaciones más del mismo tenor.

Claro, luego aparece un Orem Ambarchi, un Francisco López o incluso un Karkowski cuando está sobrio y de humor y uno cae en la cuenta de que esto del noise es una música como cualquier otra en tanto no consiste simplemente en encender unos cacharros o lanzar un plug-in para quedarse embobado con la primer sonido curioso que le salga al ruidista en ciernes.

Pienso que hay que dejar las cosas bien claritas: incluso si se acepta el dictum cageano de que para escuchar música solo tenía que abrir la ventana, hacer noise va un poco más allá, entre otras razones porque ventanas tenemos todos y no hace falta que venga alguien a abrirlas por nosotros.

No pienso decir aquello de que para hacer no-música hay que ser muy buen músico (tradicional). No lo creo. Pero si estoy convencido de que un disco o un concierto de noise debe llevar el mismo trabajo o incluso más que una composición al uso. Al fin y al cabo, quienes hacen canciones, temas o sinfonías disponen de unas cuantas convenciones por las que ir guiándose. El artista del noise (la performance, el improv) tiene que desarrollar un lenguaje propio, por mucho que pueda inspirarse en antecedentes. Y la construcción de un lenguaje es algo más complicado que girar botones sin ton ni son.

No estoy solo en esto. La preocupación por este estado de cosas, tan gratuito y autocomplaciente es más general y afecta tanto a aficionados como a profesionales. Preocupados de que el gato pase por liebre y potenciales interesados se vean repelidos.

En tanto en cuanto alguien se presenta en un lugar público y reclama la atención del personal (haya pagado o no), debe ofrecer algo que justifique esa atención. Por lo general, ese algo se basa en una intención, una coherencia, un lenguaje y el trabajo necesario. En un 99,8% de las ocasiones.

26.6.09

Descansa




En fin, ha muerto y casi estaba cantado. ¿Mejor así? No es uno quien para decirlo en alto, así que paso. De otro lado ya está casi todo dicho y escrito, incluidas una cantidad de chorradas inmensas pronunciadas por gente tan puesta en el tema como los comentaristas políticos de radio y televisión. Pero uno ha sido gran fan y le pide el triste cuerpo escribir algo, de modo que trataré de huir de la biografía y de los panegíricos de tres al cuarto.

Así que voy a describir algo personal y que probablemente no haya aparecido en los papeles. Estamos en 1992 y uno actuaba como corresponsal de ABC en Berlín, un privilegio profesional-cultural-personal que nunca agradeceré bastante. Por aquellas cosas de la vida, resultó que Michael Jackson presentaba al mundo su Dangerous Tour en el Estadio Olímpico de Munich y hasta allí nos fuimos, mi dueña y yo, carretera y manta por la Autobahn…
Tampoco era la primera vez que habíamos visto al ex - niño, que en 1988 se nos había venido encima en el estadio Calderón (¡subvencionado por el ayuntamiento!) y en plenísima forma. Un concierto brutal, fue aquel, música y música y música por encima de un espectáculo bien montado y brillante pero que tampoco era protagonista.
Este recuerdo, las ¡casetes! apropiadas sonando a todo trapo en esa bala genial que fue el R5 GTX 90…todo ayudaba, porque además era un 27 de Junio y hacía un tiempo espléndido, el estadio olímpico es una obra ya flipante (Behnisch y Otto) y el programa pintaba bien: abrían los niñatos reggae Musical Youth y luego Salt N’ Peppa, que entonces estaban in plenibus. Bien.
Llegados al lugar, traspasada una seguridad que afectaba sobre todo a los periodistas lo primer que encontrabas era un catering excelente, pero no tan pantagruélico como alguno de los Stones. Todo tenía su razón de ser, como veremos.
Por desgracia horrible no era posible abandonar el corralito de prensa, más amplio de lo normal porque esta era una presentación mundial. El tal corralito estuvo vacío durante ambos prolegómenos que, al menos en el caso de las americanas merecían mucho la pena. Ya se sabe que los periodistas son gente nacida en la hambruna, pero dos horas comiendo y bebiendo si asomar la faz quizás fuera demasiado.

Llegaron cuando empezó a sonar el Carmina Burana, signo de que empezaba MJ. Luego Jam y después todos en pie cuando sale el Rey (autodenominado) del Pop y empieza con "Wanna Be Startin' Somethin'". ¿Todos? No, que el corralillo se quedó sentado y aun nos regañaron a los tres que bailábamos con las otras 50.000 almas que llenaban el estadio.

Si el concierto de Madrid fue un no parar y gran música, el de Munich era un exceso. Vuelos con cohetes, desapariciones, luces cegadoras, proyecciones, faltaría más… Ya digo era tremendo pero un punto mórbido. Mi dueña lo captó enseguida y como en un trance délfico vio como ese iba a ser el final de Michael Jackson, como el tema de los niños era penoso, como el Moloch americano iba a comerse a otro de sus hijos entronizados (Elvis, Garland, Lymon…), como todo aquello iba a acabar muy mal.

Por suerte la magia de Jackson lograba prevalecer sobre estos augurios, reservados para momentos infumables como We Are The World y demás babosidades y el concierto fue un triunfo que ahora ya no podrá repetir. ¿Ha sido el miedo a esta nueva gira lo que le ha conducido a la muerte? No hablo de suicidio, sino de un desequilibrio que hace ya mucho tiempo pasó de lo mental a lo físico y que ahora ha dicho punto y final.
Aquella noche Jackson y su delirio siguieron tras el concierto, pues los invitados y canallesca fuimos invitados al mini-parque de atracciones que había montado en el palacio de Hielo del recinto olímpico con tres restaurantes de cocinas diferentes, un tiovivo de aquellos que son arte, pista de baile con super-DJ, un desparrame más en una noche de pasadas. Estuvo bien, que no todos los días baila uno con Salt & Peppa o los acompañantes del Michael y mucho menos le ponen a uno una fiesta así para no salir del concierto a la fucking calle.
Pero, con todo y haber sido maravilloso, nos fuimos con una cierta sensación de melancolía. Casi de inmediato un Jackson definitivamente ido se veía envuelto en los delirantes escándalos que conocemos. Algo más que una lástima, una tragedia personal a los ojos del mundo y la demostración cruda de cómo salirse del tiesto es castigado. Una gran pena.

PS. Añado un link con dos extractos de Greil Marcus y Ian Penman
http://k-punk.abstractdynam
ics.org/archives/011200.html

23.6.09

Más allá de la propiedad

El futuro ya está aquí. Quien más quien menos sabía que esto de intercambiar archivos de canciones era solo un paso intermedio hacia “the real thing”, la posibilidad de escuchar cualquier música en cualquier momento y en cualquier lugar. Y esto se llama Spotify, según algunos la mayor revolución cultural-comunicativa desde la invención de la World Wide Web (Internet para todos). Hoy por hoy, apenas tres meses desde su puesta a disposición general, Spotify somos más de un millón de personas. No está mal.

Spotify es un programa/servicio cuya vocación es contener toda la música editada en el mundo. En cierta forma funciona como Youtube, mediante streaming sobre una enorme base de datos, solo que en un sistema cerrado. No hay nada que bajar ni almacenar, la búsqueda es instantánea y la música suena bien. Aparte de eso, es posible hacer listas de canciones favoritas de forma sencilla y ofrece cierta información sobre grupos, discos y artistas relacionados.

Por otro lado, Spotify es legal, tiene acuerdos con las compañías de discos y se financia, bien mediante publicidad como en la radio, bien mediante un abono de 10€ al mes, que elimina los anuncios y ofrece algunas otras posibilidades.

Por el momento, el catálogo de Spotify (aún oficialmente en fase beta) se encuentra lejos de abarcarlo todo. Mientras sellos multinacionales como Sony, o minoritarios como Mego se han decidido a entrar, otros como EMI o Warp siguen ausentes. Pero, que no quepa duda, los borregos díscolos entrarán al redil.

Las consecuencias son revolucionarias y alcanzarán en poco tiempo al cine/video. La principal de ellas es abolir la necesidad de poseer un objeto (disco, casete, CD, stick…) para escuchar la música que uno quiere. Y ya que estamos en la era Web 2.0, señalar que, al poder hacer listas de reproducción y después compartirlas, cada usuario puede convertirse en un programador.

Con todo, lo importante no es Spotify en sí, que tiene competidores como Deezer.com o Simplify Media. Lo trascendente es un modelo de negocio que deja fuera la música como “propiedad”, un invento tan reciente en la historia como la aparición del fonógrafo, a finales del XIX. Los servicios de abono, tan normales en la TV de cable, se impondrán en la música. ¿Los objetos/discos? Se seguirán comprando, pero ya no por poseer la música, sino más bien por el diseño de su cubierta, por ofrecer tecnologías como surround… Mientras, aún nos dan la tabarra sobre “descargas ilegales” o amenazan con cortes de Internet para los “ladrones”. ¡Señor! ¡Que antiguos y reaccionarios son!

22.6.09

Lo periferico en la periferia Omar Souleyman y Group Doueh en Móstoles City

El sábado paraba en la muy ilustre villa de Móstoles (unos 200.000 habitantes de nada) el gira veraniega de Sublime Frequencies, un sello bastante pintoresco dedicado a rescatar todo tipo de músicas improbables, con preferencia hacia lo no-occidental. El lugar de acogida era la terraza del nuevo Centro de Arte 2 de Mayo y los presentes fueron dos grupos muy diferentes en la forma y no tanto en el fondo. Por un lado y proveniente de Siria el gran Omar Souleyman, por otro y lanzando al viento sus ropajes saharauis el Group Doueh, afincado en Dakar (Mauritania).

La ocasión podía haber resultado de un cultureta subido, pero nada de eso. El público se componía de jubilados de la ciudad, inmigrantes que iban desde lo árabe hasta lo hindú, parte de los modernos de Móstoles y un pequeño contingente de militantes de lo alternativo llegados desde la capital. Mejor imposible, la verdad. Sobre todo porque ningún grupo podía imponer un humor determinado en el evento, de manera que todos se atuvieron a recibir la música de forma todo lo espontánea que resulta posible en estos días de espectacularización total y bla bla bla.
La espontaneidad derivaba de la música y daba en el bailoteo.

Sobre todo en el caso de Omar Souleyman, vocalista de fiestas y bodas en su tierra natal acompañado por un laúd, un teclista que hacía todo lo demás y un poeta que, en principio, debe irle susurrando nuevos versos al cantante. Hombre, la música festera árabe es bastante conocida y quien más quien menos ha tenido noticia de ella, pero Omar es diferente. Para empezar, las bases rítmicas que sonaron en Móstoles no eran otra cosa que tecno puro y duro, la mayor parte de las veces un 4/4 y a correr. Aparte de eso, y exceptuando el laúd (baglama saz, para ser mas precisos), toda la panoplia de instrumentos usada en el dabke (Tabel, Kanun, Derbabke, Daff, Cistros, Gnawas, Cítaras, Zurna, Buzak, Nay…) salían de las teclas con un parsimonioso virtuosismo que dejaba la boca abierta. El mismo Omar es más un MC que un cantante propiamente dicho, su voz no es nada del otro mundo y, sin embargo logra mantener un flow que para si lo quisieran la mayor parte de nuestros hip-hoppers.
Resumiento: bastante brutal y con buena parte del mezclado público dando botes y quien no podía por la cosa de artrosis, dando palmas encantados.


Frente a esta avalancha y rareza el Group Doueh lo tenía difícil. Su apuesta es mucho más convencional y además aquello sonaba bastante peor. No es que estuvieran mal, pero estos si que podrían haber sido incluidos en un festival de World Music sin mayores problemas mientras el bueno de Souleyman habría provocado infartos entre los jipiosos buenrollistas que suelen ir a esas cosas. Al menos, daba gusto contemplar tanta elegancia indumentaria. Y todo esto en Móstoles. Periferia rules!

14.6.09

Inner Space

Agilok and Blubbo

Wah Wah








A finales de los años 60, la escena musical en Alemania Federal se disponía para dar el gran salto que la situaría, hasta el día de hoy, como una de las más importantes dentro de lo que se llamaba experimentalismo. Un término que sorprendería a la mayor parte de sus protagonistas, quienes trataban en gran medida de abandonar precisamente el experimentalismo e laboratorio para llegar a la mayor cantidad de gente posible haciendo algo que no fura deudor ni del rock and roll americano ni del pop inglés.
Hacia 1968 y en la ciudad de Colonia se formó un grupo bastante improbable con esta perspectiva in mente. Lo formaban un músico clásico/contemporáneo austriaco llamado Irmin Schmidt, dos alumnos directos de Karl Heinz Stockhausen, Holger Czukay y Daniel Johnson (que lo dejaría rápidamente), un batería de jazz bastante conocido en la Cova del Drac de Barcelona, Jaki Liebezeit y un joven guitarrista tirando a rocker y ya desaparecido, Michael Karoli. ¿Suenan de algo estos nombres? Deberían, porque de inmediato cambiarían su nombre y se convertirían en uno de los grupos más influyentes de la historia: Can.

Esta primera encarnación de Can solo realizó la banda sonora para el film político Agilok & Blubbo, del director Peter F. Schneider. Todo gracias a la fe del productor Hans Wewerka y en colaboración con la vocalista Rosy Rosy. Tras muchos años en el archivo de Wewerka y gracias al conservacionismo a ultranza de nuestro tiempo, ahora aparece Agilok & Blubbo en el sello español Wah Wah (Barcelona), que ya tiene una larga experiencia en la reedición de discos rarísimos, entre otros del llamado rock alemán.
El disco es absolutamente imprescindible para los fans de Can (entre los que me encuentro, claro) cuya tendencia al completismo les ha conducido a tragarse trabajos posteriores de los protagonistas que, por desgracia, solo en ocasiones han alcanzado la magia del grupo. Esta primera edición completa de la banda sonora de A&B (en su momento salió un EP en Alemania) no nos presenta al Can de Monster Movie (ya con el vocalista norteamericano Malcolm Mooney, un colgado de pronostico) pero si apuntes de lo que sería en grupo en su sazón.

En realidad estos apuntes, instrumentaciones peculiares, canciones que no responden a los cánones, ritmos sacados de cualquier parte menos del rock, apuntes de la electrónica que permitía la época, y una vocación “contemporanea” no son absolutamente satisfactorias si se comparan con un Tago Mago o un Future Days, pero desde luego, eran ya muy interesante aunque no tan diferentes de lo que podían hacer unos Floyd justo tras la breve era de Syd Barret. La llegada de Mooney y sus verbalzaciones delirantes, continuadas luego por Damo Suzuki, lanzarían a los Can que recordamos hoy. Pero esto funciona. Y tiene cierto morbo escucharlo tras 40 años.

9.6.09

Nueva Figuración ¿esquizoide?

Quienes vengan por Madrid en plan museístico pueden contemplar Sorolla en El Prado, que está bien pero es lo que es, un pintor de mano suelta, motivos inanes, agradable a tope y enmarcable en una era donde la pintura aun significaba el alfa y el omega de lo visual. Curiosamente a menos de 500 metros, en el Sofidú (también conocido como MNCARS) se expone lo que desde mi punto de vista significa prácticamente el último aleteo de la pintura tal y como se concebía en la época de los niños desnudos en la playita de Javea: como la vanguardia.

Se trata de la colectiva dedicada a los “Esquizos de Madrid”, uno de los nombres más equívocos que se haya dedicado a generación alguna más de 30 años tras su nacimiento. Se trata de lo que en su momento, principios de los años 70, se conoció como Nueva Figuración Madrileña, un ¿movimiento? que nació en el tardo-franquismo como una respuesta colorista y figurativa a las oscuras abstracciones de El Paso (cuando Antonio Saura pasaba por Macarrón, la histórica tienda de materiales, se acababan los tubos de negro) o los politiqueos bienintencionados de un Genovés o incluso una parte de lo que debía ser el Pop Art hispano.

Estos pintores, los Carlos (Alcolea, Franco), Chema Cobo, Guillermo Pérez Villalta, Herminio Molero, Javier Utray o Manolo Quejido eran, ante y sobre todo, una gente muy culta. Un cuadro de la primera Exposición de Chema Cobo (1975) esta construido ¡pictóricamente! Sobre el Gran Vidrio de Duchamp y esta contradicción entre conocer el fin de la pintura como punta de lanza y su práctica desatada es lo que justificaría, quizás, el nombre de la exposición.

Lo que se ve no está mal, incluso resulta muy espectacular esta explosión de color, pero hay fallos bastante graves. No se entiende muy bien que hace aquí Sigfrido Martín Begué, que jamás tuvo nada que ver con esta gente (demasiado joven), no tampoco incluir a Luis Gordillo como miembro, cuando en realidad fue maestro. Y ya puestos ¿por qué no están Juan Antonio Aguirre (algo mayor), Miguel Ángel Campano o incluso Juan Navarro Baldeweg?

Pese a su interés, su finura intelectual, su ironía, su recuperación de la pintura como oficio y muchas otras virtudes, la Nueva Figuración no está aquí demasiado bien presentada. No solo es que sobren o falten cosas, que se haya “liampiado” lo expuesto hasta el punto de haber paredes prácticamente vacias o, peor aún, que no se hayan establecido relaciones de la Nueva Figuración con sus correspondientes en Alemania, Italia, Francia, Estados Unidos…

Lo que sucede en el fonfo es que esta exposición debiera haber sido organizada e incluso comisariada por Juan Manuel Bonet cuando fue director del Reina. Tenía toda la legitimación para hacerlo (el, Ángel Gonzalez y Kiko Rivas –comisario de Esquizos hasta su muerte hace ya un año- fueron quienes realizaron la primera colectiva de estos pintores, Madrid D.F. 1980). Pero Bonet no lo hizo y la historia ha ido a caerle a Manuel Borja Villel, a quien ni le interesa ni le importa este tema. Es su mérito haberse decidido a llevarla a cabo, pero en fin, incluso en la rueda de prensa se notaba demasiado su distancia respecto a algo que seguramente haya puesto a caer de un burro conceptual en privado. Aún así y siendo discutible tanto en el fondo como en la forma, los Esquizos recupera lo que ahora parece un verso suelto del arte español pero en su época significó una liberación. Me gustaría saber como cae entre joveznos que, seguramente, jamás han tenido noticias de ellos.

3.6.09

Más es más es menos (cerrado)


Sunn 0)))

Monoliths & Dimensions

Southern Lord







Bueno, tras casi un año me decido a reavivar este blog. Estaba un poco harto, la verdad, pero está saliendo música y estoy viendo exposiciones demasiado interesantes como para dejarlas pasar sin más. Por ejemplo el último de Sunn 0))), Monoliths & Dimensions que me parece un gran disco y de aquellos que premian haberse comido en crudo barbaridades como The Grimm Robe Demos o el Black One, hasta el presente el mejor resumen de su drone guitarrero teatralizado y rompeoidos. Mira que estan bien Earth, a quienes tuvimos hace apenas unos meses, o incluso Khanate como alternativa del mismo O'Malley, pero ¡qué se le va a hacer! a uno le hacen gracia unos tipos que se visten de monjes, lanzan "ridiculous amounts of fog" en sus directos y pretenden hacer una música tan densa que finalmente se pueda caminar sobre ella.

Sunn 0))) pueden tener su origen en el Metal, pero eso también les pasa a ruidistas muy respetados, como Merzbow o Francisco López. Solo que para estos la referencia quedó muy atrás, en el substrato, mientras el inglés y el americano aparecen con Gibsons en la mano y una montaña de amplificadores. Como para no dejar dudas.

En este disco, no obstante, Sunn 0))) muestran que hasta la propuesta más aparentemente cerrada encuentra fracturas por las que pueden entrar nuevos aires. Junto a Atila Csihar, vocalista de Mayhem, pero habitual ya con los Sunn, tenemos ruidistas como Orem Ambarchi, accionistas como Daniel Menche, Mr. Dylan Carlson himself, cuernos tibetanos, instrumentos clásicos... Y no están ahi para hacer bulto, sino para fundirse con los drones de Andersen y O'Malley y dejarles atrás ocasionalmente abriendo nuevos espacios y nuevas sugerencias. Ya digo, ha merecido la pena seguir a esta gente. Siempre recompensaban, pero daba la impresión de que se les había acabado el fuelle. Resulta que no.